❆ ✯ - ADVENTISTA❆ ✯

    Notas de EGW - 04

    Comparte
    avatar
    alexm240

    Agradecimiento : 46

    Normal Notas de EGW - 04

    Mensaje por alexm240 el Dom 20 Abr - 0:02

    NOTAS DE EGW - 04

    Lección 4 Cristo y la Ley en el Sermón del Monte

    Sábado 19 de abril

    En el tiempo del Salvador los judíos habían cubierto las preciosas gemas de verdad con la basura de las tradiciones y las fábulas, lo que hacía imposible distinguir lo verdadero de lo falso. El Salvador vino para limpiar la superstición y los errores largamente acariciados, y darle nuevo brillo a las joyas de la Palabra de Dios. ¿Qué haría el Señor si viniera ahora? Tendría que hacer una obra similar, barriendo la tradición y las ceremonias que cubren la verdad de Dios. Y esa es nuestra obra: liberar las preciosas verdades de Dios de la superstición y el error. ¡Qué labor nos requiere el evangelio! La pluma de un án-gel no podría describir mejor la gloria del plan de salvación revelado en la Biblia: Cristo cargó con nuestros pecados y soportó nuestras penas; mostró que en la cruz del Calvario la misericordia y la verdad se encontraron, y la justicia y la paz se besaron; la infinita sabiduría, la infinita misericordia, la infinita justicia y el infinito amor fueron desplegados. En el plan de salvación se hizo conocer la anchura, la longitud, la profundidad y la altura del amor y la sabiduría (Review and Herald, 4 de junio de 1889).

    Domingo 20 de abril: “Ni una jota ni una tilde”

    “No he venido para abrogar [la ley], sino para cumplir” (Mateo 5:17).
    Fue Cristo quien, en medio del trueno y el fuego, proclamó la ley en el monte Sinaí. Como llama devoradora, la gloria de Dios descendió sobre la cumbre y la montaña tembló por la presencia del Señor. Las huestes de Israel, prosternadas sobre la tierra, habían escuchado, presas de pavor, los preceptos sagrados de la ley...
    Cuando se dictó la ley, Israel, degradado por los muchos años de servidumbre en Egipto, necesitaba ser impresionado por el poder y la majestad de Dios. No obstante, él se le reveló también como Dios amoroso...
    La ley dada en el Sinaí era la enunciación del principio de amor, una revelación hecha a la tierra de la ley de los cielos. Fue decretada por la mano de un Mediador, y promulgada por Aquel cuyo poder haría posible que los corazones de los hombres armonizaran con sus principios. Dios había revelado el propósito de la ley al declarar a Israel: “Y me seréis varones santos” (Éxodo 22: 3 1).
    Pero Israel no había percibido la espiritualidad de la ley, y demasiadas veces su obediencia profesa era tan solo una sumisión a ritos y ceremonias, más bien que una entrega del corazón a la soberanía del amor. Cuando en su carácter y obra Jesús representó ante los hombres los atributos santos, benévolos y paternales de Dios y les hizo ver cuán inútil era la mera obediencia minuciosa a las ceremonias, los dirigentes judíos no recibieron ni comprendieron sus palabras. Creyeron que no recalcaba lo suficiente los requerimientos de la ley; y cuando les presentó las mismas verdades que eran la esencia del servicio que Dios les asignara, ellos, que miraban solamente lo exterior, lo acusaron de querer derrocar la ley...
    El Salvador no dijo una sola palabra que pudiera turbar la fe en la religión ni en las instituciones establecidas por medio de Moisés; porque todo rayo de luz divino que el gran caudillo de Israel comunicó a su pueblo lo había recibido de Cristo. Mientras muchos murmuraban en sus corazones que él había venido para destruir la ley, Jesús, en términos inequívocos, reveló su actitud hacia los estatutos divinos: “No penséis que he venido para abrogar la ley o los profetas” (El discurso maestro de Jesucristo, pp. 43-45).

    Lunes 21 de abril: Homicidio (Mateo 5:21-26)

    Mediante Moisés, Jehová había dicho: “No aborrecerás a tu hermano en tu corazón... No te vengarás, ni guardarás rencor a los hijos de tu pueblo, sino amarás a tu prójimo como a ti mismo”. Las verdades que Cristo presentaba eran las mismas que habían enseñado los profetas, pero se habían oscurecido a causa de la dureza de los corazones y del amor al pecado. Las palabras del Salvador revelaban a sus oyentes que, al condenar a otros como transgresores, ellos eran igualmente culpables, porque abrigaban malicia y odio...
    El espíritu de odio y de venganza tuvo origen en Satanás, y lo llevó a dar muerte al Hijo de Dios. Quienquiera que abrigue malicia u odio, abriga el mismo espíritu; y su fruto será la muerte. En el pensamiento vengativo yace latente la mala acción, así como la planta yace en la semilla. “Todo aquel que aborrece a su hermano es homicida; y sabéis que ningún homicida tiene vida eterna permanente en él”.
    “Cualquiera que diga: Necio, a su hermano, será culpable ante el concilio”. En la dádiva de su Hijo para nuestra redención, Dios de-mostró cuánto valor atribuye a toda alma humana, y a nadie autoriza para hablar desdeñosamente de su semejante. Veremos defectos y debilidades en los que nos rodean, pero Dios reclama cada alma como su propiedad, por derecho de creación, y dos veces suya por haberla comprado con la sangre preciosa de Cristo. Todos fueron crea-dos a su imagen, y debemos tratar aun a los más degradados con res-peto y ternura. Dios nos hará responsables hasta de una sola palabra despectiva hacia un alma por la cual Cristo dio su vida (El discurso maestro de Jesucristo, pp. 51, 52).
    En el Sermón del Monte Cristo presentó ante sus discípulos los abarcantes principios de la ley de Dios. Enseñó a sus oyentes que se quebranta la ley con los pensamientos antes de que el mal deseo se convierta en realidad. Estamos obligados a controlar nuestros pensamientos y a ponerlos en sujeción a la ley de Dios. Las nobles faculta-des de la mente nos han sido dadas por el Señor para que podamos emplearlas en contemplar las cosas celestiales. Dios ha provisto en abundancia para que el alma pueda progresar continuamente en la vida divina. Por dondequiera ha dispuesto instrumentos para que nos ayuden en el desarrollo del conocimiento y de la virtud; y sin embargo, ¡cuán poco se aprecian esos recursos y cuán poco se disfruta de ellos! ¡Con cuánta frecuencia se entrega la mente a la contemplación de lo que es terrenal, sensual y ruin! Dedicamos nuestro tiempo y pensamiento a las cosas triviales y vulgares del mundo, y descuidamos los grandes intereses que atañen a la vida eterna. Las nobles facultades de la mente se empequeñecen y debilitan porque no se las ejercita en temas que son dignos de su concentración...
    Todo el que desee participar de la naturaleza divina tenga en cuenta el hecho de que debe huir de la corrupción que hay en el mundo por la concupiscencia. Debe haber una lucha constante y diligente del alma contra las impías imaginaciones de la mente. Es necesaria una firme resistencia ante la tentación de pecar en pensamiento o acción. Se debe guardar el alma de toda mancha mediante la fe en Aquel que es poderoso para guardamos sin caída. Debiéramos meditar en las Escrituras, pensando sobria y sinceramente en las cosas que atañen a nuestra salvación eterna. La misericordia infinita y el amor de Jesús, el sacrificio hecho por nosotros, demandan nuestra reflexión más seria y solemne. Deberíamos espaciamos en el carácter de nuestro amado Redentor e Intercesor. Debiéramos tratar de comprender el significado del plan de salvación. Tendríamos que meditar en la misión de Aquel que vino para salvar a su pueblo de sus pecados. Al contemplar constantemente los temas celestiales, se fortalecerán nuestra fe y nuestro amor. Nuestras oraciones serán más y más aceptables ante Dios, porque estarán mezcladas cada vez más con fe y amor. Serán más inteligentes y fervientes. Habrá una confianza más constante en Jesús, y tendremos una experiencia diaria y viviente en cuanto a la voluntad y el poder de Cristo para salvar hasta lo sumo a todo el que se allega a Dios por medio de él
    (Comentario bíblico adventista, tomo 3, p. 1163).

    Martes 22 de abril: Adulterio (Mateo 5:27-32)

    Los judíos se enorgullecían de su moralidad y se horrorizaban de las costumbres sensuales de los paganos. La presencia de los jefes romanos, enviados a Palestina por causa del gobierno imperial, era una ofensa continua para el pueblo; porque con estos gentiles habían venido muchas costumbres paganas, lascivia y disipación. En Capernaúm, los jefes romanos asistían a los paseos y desfiles con sus frívolas mancebas, y a menudo el ruido de sus orgías interrumpía la quietud del lago cuando sus naves de placer se deslizaban sobre las tranquilas aguas. La gente esperaba que Jesús denunciase ásperamente a esa clase; pero con asombro escuchó palabras que revelaban el mal de sus propios corazones.
    Cuando se aman y acarician malos pensamientos, por muy en secreto que sea, dijo Jesús, se demuestra que el mal reina todavía en el corazón. El alma sigue sumida en hiel de amargura y sometida a la iniquidad. El que halla placer espaciándose en escenas impuras, cultiva malos pensamientos y echa miradas sensuales, puede contemplar en el pecado visible, con su carga de vergüenza y aflicción desconsoladora, la verdadera naturaleza del mal que lleva oculto en su alma. El momento de tentación en que posiblemente se caiga en pecado gravoso no crea el mal que se manifiesta; solo desarrolla o revela lo que estaba latente y oculto en el corazón. “Porque cual es su pensamiento en su corazón, tal es él”, ya que del corazón “mana la vida”
    (El discurso maestro de Jesucristo, p. 54).

    Para evitar que la enfermedad se extienda por el cuerpo y destruya la vida, el hombre permite que se le ampute hasta la mano derecha. Debería estar aún más dispuesto a renunciar a lo que pone en peligro la vida del alma.
    Las almas degradadas y esclavizadas por Satanás han de ser redimidas por el evangelio para participar de la libertad gloriosa de los hijos de Dios. El propósito de Dios no es únicamente libramos del sufrimiento que es consecuencia inevitable del pecado, sino salvamos del pecado mismo. El alma corrompida y deformada debe ser limpia-da y transformada para ser vestida, con “la luz de Jehová nuestro Dios”. Debemos ser “hechos conformes a la imagen de su Hijo”...
    Para que podamos alcanzar este alto ideal, debe sacrificarse todo lo que le causa tropiezo al alma. Por medio de la voluntad, el pecado retiene su dominio sobre nosotros. La rendición de la voluntad se representa como la extracción del ojo o la amputación de la mano. A menudo nos parece que entregar la voluntad a Dios es aceptar una vida contrahecha y coja; pero es mejor, dice Cristo, que el yo esté contrahecho, herido y cojo, si por este medio puede el individuo entrar en la vida. Lo que le parece desastre es la puerta de entrada al beneficio supremo.
    Dios es la fuente de la vida, y solo podemos tener vida cuando es-tamos en comunión con él. Separados de Dios, podemos existir por corto tiempo, pero no poseemos la vida. “La que se entrega a los placeres, viviendo está muerta”. Únicamente cuando entregamos nuestra voluntad a Dios, él puede impartirnos vida. Solo al recibir su vida por la entrega del yo, es posible —dijo Jesús— que se venzan estos pecados ocultos que he señalado. Podéis encerrarlos en el corazón y esconderlos a los ojos humanos, pero ¿Cómo compareceréis ante la presencia de Dios?
    Si os aferráis al yo y rehusáis entregar la voluntad a Dios, elegís la muerte. Dondequiera que esté el pecado, Dios es para él un fuego devorador. Si elegís el pecado y rehusáis separaros de él, la presencia de Dios que consume el pecado también os consumirá a vosotros.
    Requiere sacrificio entregamos a Dios, pero es sacrificio de lo inferior por lo superior, de lo terreno por lo espiritual, de lo perecedero por lo eterno. No desea Dios que se anule nuestra voluntad, porque solamente mediante su ejercicio podemos hacer lo que Dios quiere.
    Debemos entregar nuestra voluntad a él para que podamos recibirla de vuelta purificada y refinada, y tan unida en simpatía con el Ser divino que él pueda derramar, por nuestro medio, los raudales de su amor y su poder. Por amarga y dolorosa que parezca esta entrega al corazón voluntarioso y extraviado, aun así nos dice: “Mejor te es” (El discurso maestro de Jesucristo, pp. 54-56).

    Miércoles 23 de abril: Promesas, promesas... (Mateo 5:33-37)

    Los judíos entendían que el tercer mandamiento prohibía el uso profano del nombre de Dios; pero se creían libres para pronunciar otros juramentos. Prestar juramento era común entre ellos. Por medio de Moisés se les prohibió jurar en falso; pero tenían muchos artificios para librarse de la obligación que entraña un juramento. No temían incurrir en lo que era realmente blasfemia ni les atemorizaba el perjurio, siempre que estuviera disfrazado por algún subterfugio técnico que les permitiera eludir la ley.
    Jesús condenó sus prácticas, y declaró que su costumbre de jurar era una transgresión del mandamiento de Dios. Pero el Salvador no prohibió el juramento judicial o legal en el cual se pide solemnemente a Dios que sea testigo de que cuanto se dice es la verdad, y nada más que la verdad. El mismo Jesús, durante su juicio ante el Sanedrín, no se negó a dar testimonio bajo juramento. Dijo el sumo sacerdote: “Te conjuro por el Dios viviente, que nos digas si eres tú el Cristo, el Hijo de Dios”. Contestó Jesús: “Tú lo has dicho”. Si Cristo hubiera condenado en el Sermón del Monte el juramento judicial, en su juicio habría reprobado al sumo sacerdote y así, para provecho de sus seguidores, habría corroborado su propia enseñanza.
    A muchos que no temen engañar a sus semejantes se les ha enseñado que es una cosa terrible mentir a su Hacedor, y el Espíritu Santo les ha hecho sentir que es así. Cuando están bajo juramento, se les recuerda que no declaran solo ante los hombres, sino también ante Dios; que si mienten, ofenden a Aquel que lee el corazón y conoce la verdad. El conocimiento de los castigos terribles que recibió a veces este pecado tiene sobre ellos una influencia restrictiva.
    Si hay alguien que puede declarar en forma consecuente bajo juramento, es el cristiano. Vive continuamente como en la presencia de Dios, seguro de que todo pensamiento es visible a los ojos del ángel con quien tenemos que ver; y cuando ello le es requerido legalmente, le es lícito pedir que Dios sea testigo de que lo que dice es la verdad, y nada más que la verdad.
    Jesús enunció un principio que haría inútil todo juramento. Enseña que la verdad exacta debe ser la ley del hablar. “Sea vuestro hablar: Sí, sí; no, no; porque lo que es más de esto, de mal procede”.
    Estas palabras condenan todas las frases e interjecciones insensatas que rayan en profanidad. Condenan los cumplidos engañosos, el disimulo de la verdad, las frases lisonjeras, las exageraciones, las falsedades en el comercio que prevalecen en la sociedad y en el mundo de los negocios. Enseñan que nadie puede llamarse veraz si trata de aparentar lo que no es o si sus palabras no expresan el verdadero sentimiento de su corazón.
    Si se prestara atención a estas palabras de Cristo, se refrenaría la expresión de malas sospechas y ásperas censuras; porque al comentar las acciones y los motivos ajenos, ¿quién puede estar seguro de decir la verdad exacta? ¡Cuántas veces influyen sobre la impresión dada el orgullo, el enojo, el resentimiento personal, una mirada, una palabra, aún una modulación de la voz, pueden rebosar mentiras! Hasta los hechos ciertos pueden presentarse de manera que produzcan una impresión falsa. “Lo que es más” que la verdad, “de mal procede”.
    Por medio del apóstol Pablo, Cristo nos ruega: “Sea vuestra palabra siempre con gracia”. “Ninguna palabra corrompida salga de vuestra boca, sino la que sea buena para la necesaria edificación, a fin de dar gracia a los oyentes”. A la luz de estos pasajes vemos que las palabras pronunciadas por Cristo en el monte condenan la burla, la frivolidad y la conversación impúdica. Exigen que nuestras palabras sean no solamente verdaderas sino también puras (El discurso maestro de Jesucristo, pp. 59-61).

    Jueves 24 de abril: Lex Talionis (Mateo 5:38-48)

    Constantemente surgían ocasiones de provocación para los judíos en su trato con la soldadesca romana. Había tropas acantonadas en diferentes sitios de Judea y Galilea, y su presencia recordaba al pueblo su propia decadencia nacional. Con amargura íntima oían el to-que del clarín y veían cómo las tropas se alineaban alrededor del estandarte de Roma para rendir homenaje a este símbolo de su poder. Las fricciones entre el pueblo y los soldados eran frecuentes, lo que acrecentaba el odio popular. A menudo, cuando algún jefe romano con su escolta de soldados iba de un lugar a otro, se apoderaba de los labriegos judíos que trabajaban en el campo y los obligaba a transportar su carga trepando la ladera de la montaña o a prestar cualquier otro servicio que pudiera necesitar. Esto estaba de acuerdo con las leyes y costumbres romanas, y la resistencia a esas exigencias solo traía vituperios y crueldad. Cada día aumentaba en el corazón del pueblo el anhelo de libertarse del yugo romano. Especialmente entre los osados y bruscos galileos, cundía el espíritu de rebelión. Por ser
    Capernaúm una ciudad fronteriza, era la base de una guarnición ro-mana, y aun mientras Jesús enseñaba, una compañía de soldados romanos que se hallaba a la vista recordó a sus oyentes cuán amarga era la humillación de Israel. El pueblo miraba ansiosamente a Cristo, esperando que él fuese quien humillaría el orgullo de Roma.
    Miró Jesús con tristeza los rostros vueltos hacia él. Notó el espíritu de venganza que había dejado su impresión maligna sobre ellos, y reconoció con cuánta amargura el pueblo ansiaba poder para aplastar a sus opresores. Tristemente, les aconsejó: “No resistáis al que es malo; antes, a cualquiera que te hiera en tu mejilla derecha, vuélvele también la otra”.
    Estas palabras eran una repetición de la enseñanza del Antiguo Testamento. Es verdad que la regla “ojo por ojo, diente por diente”, se hallaba entre las leyes dictadas por Moisés; pero era un estatuto civil. Nadie estaba justificado para vengarse, porque el Señor había dicho: “No digas: Yo me vengaré”. “No digas: Como me hizo, así le haré”. “Cuando cayere tu enemigo, no te regocijes”. “Si el que te aborrece tuviere hambre, dale de comer pan, y si tuviere sed, dale de beber agua”. Toda la vida terrenal de Jesús fue una manifestación de este principio (El discurso maestro de Jesucristo, pp. 61, 62).
    Los judíos habían luchado afanosamente para alcanzar la perfección por sus propios esfuerzos, y habían fracasado Ya les había dicho Cristo que la justicia de ellos no podría entrar en el reino de los cielos. Ahora les señala el carácter de la justicia que deberán poseer todos los que entren en el cielo. En todo el Sermón del Monte describe los frutos de esta justicia, y ahora en una breve expresión señala su origen y su naturaleza: Sed perfectos como Dios es perfecto. La ley no es más que una transcripción del carácter de Dios. Contemplad en vuestro Padre celestial una manifestación perfecta de los principios que constituyen el fundamento de su gobierno...
    Dijo Jesús: Sed perfectos como vuestro Padre es perfecto. Si sois hijos de Dios, sois participantes de su naturaleza y no podéis menos que asemejaros a él. Todo hijo vive gracias a la vida de su padre. Si sois hijos de Dios, engendrados por su Espíritu, vivís por la vida de Dios. En Cristo “habita corporalmente toda la plenitud de la Divinidad”; y la vida de Jesús se manifiesta “en nuestra carne mortal”. Esa vida producirá en nosotros el mismo carácter y manifestará las mis-mas obras que manifestó en él. Así estaremos en armonía con cada precepto de su ley, porque “la ley de Jehová es perfecta, que convierte el alma”. Mediante el amor, “la justicia de la ley” se cumplirá “en nosotros, que no andamos conforme a la carne, sino conforme al Espíritu”
    (El discurso maestro de Jesucristo, pp. 67, 68).

    Viernes 25 de abril: Para estudiar y meditar

    El Deseado de todas las gentes, pp. 265-281

    avatar
    pablocarrera

    Agradecimiento : 0

    Normal Re: Notas de EGW - 04

    Mensaje por pablocarrera el Jue 1 Mayo - 4:14

    querido hermano:espero que el señor le este bendiciendo grandemente.-
    quiero pedirle un gran favor si me puede grabar la coleccion de las pistas de "alabanza y adoración de 7 cds, ya que la tenia pero con el ultimo terremoto que sacudió mi país (Chile) se rompieron y perdí una maravillosa colección que no esta en Chile asi que quiero tenerlas nuevamente.-
    esperando tener noticias suyas pronto , se despide un hermano en Cristo.
    MI CORREO ES:pablocarrerai@hotmail.com
    avatar
    alexm240

    Agradecimiento : 46

    Normal Re: Notas de EGW - 04

    Mensaje por alexm240 el Sáb 3 Mayo - 21:28

    hermano pablo carrera no estan aqui en el foro esa produccion ??

    Contenido patrocinado

    Normal Re: Notas de EGW - 04

    Mensaje por Contenido patrocinado


      Fecha y hora actual: Lun 21 Ago - 3:18